La detención de “El Chapo”
Guzmán, ha causado un gran revuelo en el ámbito nacional e internacional, la
figura de Joaquín Guzmán Loera se había mitificado a lo largo de las últimas
dos décadas a un nivel que sólo puede ser comparado con el del famoso
colombiano Pablo Escobar Gaviria, anotando que este último no alcanzó el poder
y los alcances que hicieron de “El Chapo” una figura que hasta Forbes
registraba dentro de los hombres de mayor riqueza en el mundo.
El prófugo de Puente Grande,
que algunos desde la hazaña llamaron “Puerta Grande”, es un icono del
narcotráfico internacional y sobre todo el mayor exponente de la cultura de
devoción a esta actividad, que bien o mal ha permitido que miles de familias
sobrevivan a la miseria prevaleciente en el subcontinente.
No me sorprendió ver en las
redes sociales manifestaciones de tristeza y hasta de enojo por la captura de
este Zar de las drogas, casi todos habíamos escuchado historias sobre la
generosidad que lo caracterizaba y la forma en que pacíficamente administra sus
territorios.
Lo cierto es que la captura de
este mítico personaje tendrá efectos que en el corto y el mediano plazo serán
evidentes en la vida, social, económica y política del país. En los últimos
días hemos sido testigos del gran reconocimiento que el Gobierno de la
República ha tenido por parte de la comunidad internacional, lo cual sin duda
repuntará la buena imagen que hasta el momento ha mostrado nuestro país.
Lo anterior sin duda, suma
junto con las reformas recién aprobadas un cúmulo de buenas señales para la
inversión extranjera y la atracción de capitales, patentando que la visión de
darle un giro a la conducción del país va más allá de los discursos que desde
hace poco más de una década venimos escuchando.
También marca una beligerante
diferencia en la forma de combatir el crimen organizado en nuestro país, ya que
ésta y las últimas detenciones, se han hecho sin efectuar un solo disparo, lo
que contrastado con el saldo de muertos, o dicho de otra forma “daños
colaterales” del sexenio anterior, pone en evidencia lo erróneo de la pasada
estrategia.
El Jefe del Cartel de Sinaloa,
no es un capo más, de su detención y declaraciones, forzosamente tendrán que
irse develando las grandes redes de complicidad y corrupción de las
instituciones que permitieron su fuga y su permanencia fuera de la ley durante
más de una década, así como de la operación y estructura de los cárteles
dominantes en el territorio nacional.
Así que como efectos, no sólo
debemos esperar los mediáticos y de imagen internacional, también debemos
esperar aquellos que lleven tras las rejas a los que desde el poder has
auspiciado la ilegalidad y la corrupción del Estado Mexicano hasta el punto de
convertirlo en cómplice de la delincuencia.
La extradición será un paso de
EEUU exigirá a las autoridades mexicanas para evitar sucesos como el de Puente
Grande, pero antes de ello, el Capo de Capos tendrá que cooperar con las
autoridades del Gobierno de la República para fortalecer la inteligencia con la
que hasta ahora y partir del 2012 se ha trabajado sin generar inestabilidad
social.
El Cártel de Sinaloa, seguirá
operando como hasta ahora lo ha hecho, sus estructuras son demasiado sólidas
para depender de un solo hombre, pero sin duda la información que Joaquín
Guzmán Loera proporcione, será determinante para ir minando el poder que hasta
ahora han conseguido estos grandes consorcios de lo ilegal.
Lo que no podemos negar y
sería mezquino hacerlo, es la determinación con la que en el primer año de
gobierno ha actuado el Presidente Peña Nieto, más allá de los discursos y las
buenas intenciones, esta administración está dando muestras serias de que el
cambio puede ser posible.
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@jorgeivand