Como sabemos la democracia ha evolucionado a lo largo del tiempo y a lo ancho de la historia humana, ha pasado por varias etapas; de ser considerada primero una palabra para definir a la política en acepción peyorativa, pasando por la democracia directa como en algún tiempo en la antigua Grecia se ejerció, hasta la democracia representativa que más allá de darle la decisión a todos, culmina en la posibilidad ante la complejidad social de escoger a los mejores para que decidan por nosotros.
Sin embargo definir la democracia más allá de su contenido etimológico no es una tarea fácil, ni en el plano filosófico ni en la experiencia histórica. Y es que nadie puede suponer que haya una definición de la democracia en forma única y válida para todas las realidades.
La democracia se implanta primero como mecanismo; que permite a los ciudadanos de una determinada sociedad la elección gubernamental sin ninguna perspectiva histórica o social. Pero en seguida busca ser implementada como un valor, como proyecto de realización personal y colectiva planteado desde la Revolución Francesa.
Sartori afirma que en democracia las elecciones son necesarias pero no suficientes, la democracia no es solo elegir representantes, es en primer lugar; “discusión pública” y en segundo; un mecanismo de control del poder que defiende al ciudadano de la tiranía y de la oligarquía.
Sin embargo en la práctica la democracia no ha mermado completamente la aparición y la preeminencia de grupos de poder facticos, que sobre todo en américa latina se presentan como una burla al sistema democrático, dada la calidad de vida de la población y la riqueza acumulada de estos poderes.
Robert Dahl ahondo sus postulados sobre la democracia, afirmando que de la democracia representativa hemos pasado a la democracia poliárquica o poliarquía. Que esta (la poliarquía) deriva de las palabras griegas “muchos” y “gobierno”, el gobierno de los muchos; que se caracteriza por el establecimiento de grupos de interés organizados que protagonizan la lucha del poder.
Los partidos políticos, las cámaras empresariales, los grupos económicos, las asociaciones civiles, forman parte de esta poliarquía que se inclina a favor de los grupos mejor organizados y me mayor influencia.
Con esta teoría se puede afirmar, que parte de la ineficacia que ha demostrado el régimen democrático en América latina es resultado de la desarticulación social, del desentendimiento de lo colectivo y la preeminencia de lo individual y personal.
Así pues los que sí están organizados llámese poderes económicos o elite política, al no existir demanda social organizada y a veces procurar que no la haya se desentienden y hasta se divorcian de la realidad social desequilibrando la pugna del poder.
Y es que el régimen democrático como tal no asegura las bondades de la democracia; tenemos pues que pasar a consolidar un sistema democrático que a diferencia del régimen no puede ser instaurado por decreto.
Cuando Sartori aborda la democracia sobre todo como discusión pública, se refiere a que la democracia requiere que opciones ciudadanas aborden cuestiones sustantivas y aparejen la pugna por la ampliación de sus derechos, es decir para fortalecer a la democracia hay que fortalecer el tejido social, la asociación de individuos para lograr fines específicos en beneficio de un sector.
Gobiernos y poderes económicos se encuentran casi solos en el sistema poliárquico, en México y sobre todo en Durango no hay verdaderas opciones ciudadanas que representen necesidades legítimas y que no busquen luego pertenecer a alguno de los dos grupos preeminentes.
La democracia representativa u oligárquica como definen diversos y divergentes actores no tiene mucho campo para la innovación y tampoco creo que ese sea el verdadero problema, el sistema democrático es parecido a las carreras de autos; si importa la maquina con que compitas, pero al último lo verdaderamente importante es el piloto, su pericia y su astucia.
En la democracia nosotros somos el piloto, la pregunta es; ¿estamos listos para la carrera?
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