Como cada tres años, el tema de
los diputados plurinominales ha abarcado una buena parte de la opinión pública
en los últimos días. Y es que desde hace dos décadas se han incrementado las
propuestas de desaparecer esta figura que surgió en la reforma política de 1977
gracias a la visión del último de los grandes estadistas de este país, el
historiador y político Jesús Reyes Heroles, en su calidad de Secretario de
Gobernación durante la administración de José López Portillo
El origen de esta reforma, es la
propia legitimidad de la elección de este presidente, el cual no compitió con
ningún otro candidato, puesto que el
Partido Acción Nacional, único realmente opositor al PRI, no postuló a ninguno
de sus militantes en aquella elección a causa de fuertes disputas internas, y Valentín
Campa, mítico líder sindical y personaje del extinto Partido Comunista Mexicano,
fue lanzado como aspirante sin registro, obteniendo casi un millón de votos que
debieron ser anulados, lo que creó un problema de legitimidad que, como nunca,
evidenció una crisis de representatividad puso en jaque al modelo democrático,
ya de por si deslegitimado.
Entre muchas grandes aportaciones que dejó esta reforma (no cabrían todas
en esta columna), destacó la nueva composición de la Cámara de Diputados, la
cual tuvo la finalidad de dar márgenes mayores de representación a los partidos
minoritarios, estableciéndose un sistema mixto que combinó el principio de
representación de mayoría relativa (candidatos electos por voto popular) con el
de representación proporcional (hasta 100 diputados electos en
circunscripciones plurinominales). Este último estaba reservado exclusivamente
para los partidos de oposición, pues el requisito para participar de tal
asignación era haber obtenido menos de sesenta triunfos de mayoría.
El espíritu de la reforma era propiciar una oposición más activa y
representativa, que se tradujera en un congreso más equilibrado y por ende más
democrático. Con el paso del tiempo esta reforma aunada a otros factores
sociales y políticos, dieron como resultado que en la elección de 1994 el PRI,
por primera vez en su historia perdiera la mayoría en la Cámara de Diputados.
Sin duda la figura del Diputado plurinominal, fue una gran aportación al
sistema político mexicano, la cual dio voz, representación y poder a los
partidos opositores al régimen, permitiendo junto con consecuentes reformas
electorales dar paso a la lenta transición democrática mexicana.
Fue a fines de 1982 donde se reformaría el artículo 115 constitucional, y
la Cámara de Diputados pasó a 500 curules: 300 de mayoría relativa y 200 de
representación proporcional (cien más que en la primera reforma). Siendo esta
última recomposición, a mi personal punto de vista, la que daría pie a la
perversión del origen consustancial de los plurinominales.
Esta figura, en un sistema que no tenía (y en la praxis sigue sin tener) la
posibilidad de relección consecutiva de legisladores, abonó a permitir la
entrada de personas con gran bagaje político,
jurídico y/o legislativo, que tal vez no tenían los méritos populares
para aspirar a una curul o un escaño a través del voto, pero que aportaban
estabilidad y conocimiento de causa tanto al cabildeo político, como al propio
proceso legislativo.
Sin desconocer que en todos los tiempos y en todos los partidos han
existido compadrazgos y amiguismo que se han visto reflejados en las listas de
candidatos plurinominales, eran contados los casos, y más bien estos espacios, eran
un premio al mérito partidista y o a la capacidad mostrada en el ámbito
político/técnico.
Sin embargo, los hoy comúnmente llamados “pluris” se han convertido en el
símbolo más fehaciente de la ilegitima clase política mexicana, siendo el
influyentísimo, el nepotismo y hasta servilismo hacia los grandes grupos
oligárquicos del país, su principal origen e interés legislativo.
En lo personal creo que 200 diputados plurinominales son ya un exceso y una
carga al propio dinamismo y eficiencia legislativa, el mismo presidente Enrique
Peña Nieto, ha planteado la desaparición de 100 diputados en su gran mayoría
plurinominales que adelgacen la carga -económica y política- de la cámara de
diputados.
Además de reducir su número a la mitad, la mayoría de ellos debería ser
resultado de una fórmula de primeras minorías, es decir, que los diputados que
perdieron por menor rango porcentual pudieran acceder a una curul plurinominal –como
pasa en el senado de la república y en algunos congresos locales del país- y
otra fracción más reducida accediera a ella por medio de listas partidarias,
pero a ellos si se les podría pedir un mínimo de experiencia y estudios
superiores para garantizar un trabajo de calidad y evitar que personajes sin
ninguna formación y experiencia accedan a estos espacios por razones diferentes.
Los plurinominales tienen la función de representar minorías que aunque no
ganan elecciones, tienen un número de votos que avalan su presencia en el
congreso, y por esa razón son necesarios. Generar equilibrios y contrapesos es
su función primordial, habrá que regular y restructurar esta figura, para que
cumpla su objetivo y deje de ser una más de las simulaciones de este país y su
fallida democracia.
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Twitter. @jorgeivand