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Mucho se habla en torno a la definición política y a los postulados ideológicos que el PRI sostiene en la actualidad, las críticas hacia el Revolucionario Institucional, han girado en torno a la indefinición o contradicciones en diversos temas coyunturales en la vida social, política y económica que atraviesa México.
Propongo estas líneas para dejar claras algunas de las definiciones ideológicas que a veces pudieran parecer confusas. Advierto que lo que aquí describo es el “deber ser” del PRI lo enmarcado en sus documentos básicos, lo heredado del propio origen histórico del partido y lo manifestado por algunos de sus mayores ideólogos.
Y hago esta aclaración, porque en el presente parece que el principal problema de los partidos políticos en México, no es la transgresión a sus preceptos políticos, sino, más profundo y grave aún, el desconocimiento de los mismos.
Los priístas encontramos nuestro nacimiento, en el movimiento armado que originó y ganó la revolución de 1910, somos pues, miembros del partido que surgió como brazo político de quienes ganaron la revolución mexicana. Nuestro origen revolucionario nos vincula también históricamente con los grupos e ideales de los liberales de la independencia y de la Reforma.
Somos legatarios de quienes abanderaron las causas de las mayorías sociales de nuestro país, de los ideólogos que concibieron al estado mexicano, de quienes dieron tránsito a los gobiernos civiles y subordinaron a las fuerzas armadas revolucionarias al poder de las instituciones del estado nacional.
“Somos herederos de quienes forjaron la escuela pública, la nacionalización energética, los libros de texto, la reforma agraria, los servicios de seguridad social, el Banco de México entre otros logros de carácter institucional, pero sobre todo, somos resultado de una estrategia de inclusión pública que abrió las élites del país y renovó la composición de la clase gobernante, que redistribuyó el poder”. Beatriz Paredes
Sin embargo, este nueva generación de priístas debe reconocer que como todo organismo humano tuvo errores y desaciertos, y en la medida que los reconozcamos, estaremos en posibilidades de crecer; el autoritarismo, la impunidad, la corrupción, la opacidad y la represión, son elementos de los que la nueva estirpe priista debe despojarse por el bien del partido y por el bien de México.
Dijo Colosio que; “Ser herederos de la Revolución Mexicana, es un gran orgullo, pero eso no garantiza nuestra legitimidad política, la legitimidad debemos ganarla día con día, con nuestras acciones, con nuestras propuestas… Sólo los partidos autoritarios pretenden fundar su legitimidad en su herencia, los partidos democráticos, la ganamos diariamente”.
Ahora, como oposición nacional, nuestro reto ha sido y sigue siendo decirle a los mexicanos porque queremos llegar al gobierno y en eso, en nuestras soluciones y nuestras propuestas basar nuestros triunfos, no en alianzas intestinas ni sostenidos de los errores del adversario.
El PRI debe llegar al poder, no para regresar al régimen autoritario de partido hegemónico, pero tampoco llegará para continuar con un autoritarismo basado en poderes extra-constitucionales que busquen a través de un estado policial y represivo, solucionar los problemas del país.
La solución del PRI para mitigar los efectos del narcotráfico, definitivamente no es ni debe ser pactar con el crimen organizado, el PRI está a favor de enfrentar a este repugnante mal, pero no basados únicamente en una estrategia estéril de guerrilla urbana, el PRI, de acuerdo a su programa de acción, pretende combatirlo generando empleos dignos, educando con calidad a las nuevas generaciones, disminuyendo el consumo y la drogadicción a través del sistema de salud y compartiendo esta óptica con los países que forman parte de esta problemática de carácter multilateral.
Estamos a favor de consolidar el estado de bienestar, principio rector de la socialdemocracia internacional, de fortalecer al estado de derecho, laico y democrático, que garantice la libertad y en términos económicos la competitividad y productividad preservando la equitativa distribución del ingreso.
Que no se confundan los que dicen que no estamos definidos, cuando se trata de hablar de los derechos civiles de cuarta generación; como la unión entre parejas del mismo sexo y la libertad de la mujer a decidir sobre su cuerpo. Pero cuando los derechos civiles de primer grado, como el respeto a los derechos humanos, la libertad de expresión y la igualdad de oportunidades no son aún una realidad, no vale la pena polarizar ni enfrentar en cuestiones que en una sociedad equilibrada se darían de manera natural.
Somos progresistas, a favor de la libertad y del respeto a que el individuo elija con quien casarse y cuántos hijos e hijas tener, como personas podremos coincidir o no con las preferencias y decisiones de otros, pero el PRI no concibe un estado que le diga a una persona a quien amar y a quien no, ni un estado que persiga y encarcele a una mujer por decidir sobre su cuerpo y los hijos que desea o no tener.
En un país disminuido por la pobreza, el PRI debe entender que su principal reto como desde su origen, es hacer patente la vigencia de nuestro lema y consolidar la justicia social que haga posible una verdadera democracia.
“Democracia y Justicia Social”
Cometarios.
Jorge_dopa85@hotmail.com
Twitter. @jorgeivand
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