En el año 2000, cuando la alternancia democrática
llevó al PAN al mando del gobierno federal, existían 39 millones de mexicanos
dentro de la llamada población económica mente activa, “PEA” (es decir, aquellos con
más de 14 años que desempeñan una ocupación o que la buscan) de los cuales 12.3 millones se encontraban en
situación de empleo formal según cifras del propio Instituto Mexicano del
Seguro Social.
Según la ultima Encuesta Nacional de Ocupación y
Empleo del INEGI del 1 de enero de 2001 al primer semestre de 2012 las personas que se
sumaron a la población económicamente activa alcanzó poco más de 11 millones.
De estos 11 millones de
mexicanos incorporados a la fuerza laboral en los últimos 12 años, solo 3.5 han
encontrado un empleo formal según cifras del IMSS, pero lo más preocupante es
que en estos mismos 12 años, el sector informal acaparó a 3.6 millones de
mexicanos los cuales trabajan sin ningún tipo de seguridad social o prestaciones
que garantiza la ley.
Por lo anterior la PEA
en nuestro país al año 2012 suma poco mas de 50 millones de mexicanos, de los
cuales solo 15.8 millones tienen un empleo formal. En ese lapso se deduce pues,
que el empleo formal solo creció 3 millones, lo que significa que 7 millones de
nuevos trabajadores que surgieron en el mismo periodo se ubicaron en la
informalidad o se encuentran en situación de desempleo.
Recientemente
el economista en jefe para América Latina del Banco Mundial, Augusto de la Torre,
aseguró que México y El Salvador fueron las dos únicas naciones de la región
que vieron crecer sus cifras de empleo informal, contrario a lo reportado por
el resto de los países del área, que han hecho esfuerzos por abatir ese
problema.
El investigador
del Tecnológico de Monterrey José Luis de la Cruz dijo que durante esos dos
sexenios no se alcanzaron a generar suficientes plazas de trabajo formales, por
lo que el resto de la población debió recurrir a la economía informal,
permanecer en la desocupación o migrar.
“Viendo el
vaso medio lleno, podría indicarse que la propuesta de campaña sobre una
presidencia generadora de empleo era la correcta. No obstante, la realidad como
gobierno es que no existió la instrumentación de una política integral en la que
ese objetivo se cumpliera”, detalló.
Uno de los
pilares en materia de empleo se expresó en el Plan Nacional de Desarrollo
2007-2012, donde se precisó que en este sexenio se buscaría promover las
condiciones para crear trabajos formales con el objetivo de llegar al cierre de
este año con al menos, 800 mil plazas.
Sin embargo, las
estimaciones más optimistas de los diferentes analistas de mercado sobre la
incorporación de trabajadores asegurados al IMSS para el cierre de este año no
superan 700 mil y en el promedio anual de los 2 sexenios fue de 291 mil, lejos
del millón anual prometido por el presidente del “empleo”.
En defensa de Felipe Calderón (él también
se ha encargado de hacerlo en diversas ocasiones) se podría argumentar que en
su sexenio se presentó una crisis económica mundial en la que él no tuvo culpa.
En el 2009 el PIB cayó un 5.95 por ciento.
Sin embargo, el argumento deja de tener
validez si se admite que a pesar de que en el sexenio de Ernesto Zedillo hubo
una crisis económica catastrófica que produjo una caída mayor del PIB -6.22 por
ciento-, la tasa de desempleo promedio apenas fue del 3.51 por ciento.
El sexenio de Calderón fue peor que el de Miguel de la
Madrid, y si se considera que la tasa de desempleo actual es superior al 5 por
ciento, bien podría comparársele con José López Portillo que tuvo un 5.6 por
ciento promedio en su sexenio.
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